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DIAGNÓSTICO

Ciencia y Salud

Frenar la desnutrición infantil

Salvar la vida de millones de niños cada año depende de que llegue a las comunidades afectadas la ayuda necesaria.

El temor de numerosas personas a cumplir años se convierte en anhelo para millones de niños. Sólo en Níger, Save the Children calcula que este verano pueden perder la vida hasta 400.000 menores por inanición. Uno de cada ocho niños que aún no ha cumplido 5 años podría perecer si no se ponen los medios necesarios para evitarlo.

Millones de niños en todo el mundo mueren cada año a causa de una desnutrición severa. En el caso de Níger, esto se debe a la escasez de cultivos. No se come porque no hay qué comer. Unos 7,8 millones de personas no tiene acceso a alimentos. Save the Children (STC) asegura que muchos pequeños de tan sólo cinco años "viajan cientos de kilómetros por todo el país hasta la capital, Niamey, con sus familias para mendigar en las calles". La falta de comida deriva en una cantidad deficiente de vitaminas y otros nutrientes que expone al organismo a numerosas enfermedades. Un simple catarro puede convertirse en un problema respiratorio grave.

La XV Cumbre de la Unión Africana, organizada a finales de julio, se ha centrado este año en la salud materna e infantil. Acudieron los líderes de 50 estados africanos, que firmaron una declaración con compromisos "para reducir drásticamente la terrible cifra de 4,5 millones de muertes de niños y niñas y 265.000 muertes de madres en el continente", señala STC. Entre estos compromisos, destacan destinar el 15% del presupuesto nacional a la salud, reforzar sus sistemas sanitarios, formar a trabajadores sanitarios de las comunidades, en especial a mujeres para llegar mejor a las madres y a los niños, y proporcionar atención sanitaria gratuita a las mujeres embarazadas y a los menores de cinco años.

La desnutrición también se relaciona con un peor pronóstico del VIH/sida. Una alimentación adecuada mejora la eficacia del tratamiento antirretroviral y contribuye a contener la propagación de la enfermedad. Así lo destacó Acción contra el Hambre (ACH) en la Conferencia Internacional sobre sida, celebrada a finales de julio en Viena. En su opinión, con una alimentación deficiente se reduce la capacidad de resistencia y aumentan las vulnerabilidades. "A pesar de que una buena nutrición no tiene repercusión en la prevención del VIH ni en la curación del sida, sí puede ayudar a retrasar el proceso de desarrollo de la enfermedad, una nutrición equilibrada refuerza el sistema inmunitario y potencia los niveles de energía, por lo que ayuda al organismo a resistir los efectos de la enfermedad", destaca ACH.

Alimentos terapéuticos y lactancia materna

La relación entre el peso, la talla y la edad determina el estado nutricional de los pequeños. Cuando se confirma un caso de desnutrición, el principal tratamiento consiste en la administración de alimentos terapéuticos preparados (ready-to-use therapeutic food, RUTF). Estos son ricos en nutrientes y por lo tanto, señala Médicos sin Fronteras, cubren las necesidades de los niños pequeños, que pueden tomarlos en el propio hogar, sin necesidad de acudir al hospital o a los centros de nutrición, que no siempre están cerca de las viviendas.

Además de estos, STC promociona la lactancia materna como "el alimento más completo para un bebé", que aporta el agua y los nutrientes necesarios y, en los países en desarrollo, logra que un niño tenga 14 veces más posibilidades de sobrevivir. Del 1 al 7 de agosto organizó la Semana mundial de la lactancia materna para incidir en sus beneficios en el sistema inmunitario de los menores y protegerles de numerosas enfermedades. Lamenta que, a pesar de todo, "en una emergencia, el desconocimiento y algunos mitos disuaden a las madres de alimentar a sus hijos con lactancia materna" porque piensan que el estrés y la falta de una buena alimentación propician leche de mala calidad o "bien que la madre deje de producir leche".

La responsable de Advocacy y Campañas de STC, Yolanda Román, describe cómo tras una emergencia, a menudo, faltan medios de transporte y las condiciones de almacenamiento de alimentos sustitutivos de la leche materna son deficientes. La escasez de agua potable y de combustible para hervirla, así como de materiales de esterilización, favorece el uso de agua contaminada, biberones o tazas no esterilizadas, "que pueden causar que el bebé enferme de diarrea, una de las principales causas de mortalidad infantil en el mundo".

Colaborar en la lucha contra la desnutrición

Para ayudar en la mejora de la salud de los pequeños, es posible colaborar con las ONG que trabajan en las zonas afectadas. Save the Children actúa en clínicas rurales para facilitar el acceso a los servicios, apoya a las autoridades del país en la distribución de comida y pequeñas cantidades de dinero para que los ciudadanos puedan comprar comida. El equipo de emergencias promociona además la lactancia materna para que las madres aumenten el número de tomas.

Médicos sin Fronteras ha puesto en marcha "Hambrientos de atención", un proyecto multimedia para luchar contra la desnutrición infantil. Junto con la agencia fotográfica estadounidense VII ha elaborado una serie documental multimedia para "denunciar los estragos de la desnutrición infantil en los países en desarrollo". La organización está convencida de que esta emergencia médica se puede prevenir y tratar, aunque debe responderse con más contundencia, sobre todo, en el sur de Asia y en África subsahariana. Casi 4,5 millones de niños del África Subsahariana pierden la vida antes de los 5 años.

Para sensibilizar a la población, esta entidad informa de las consecuencias de la desnutrición, que causan, en un principio, la pérdida de grasa y luego de músculo. Cuando esto ocurre en los niños de 6 meses a 2 años, las consecuencias son peores porque la necesidad de nutrientes es mayor y la carencia de estos impide que puedan resistir las infecciones. "Sus defensas se debilitan y aumenta el riesgo de morir de malaria, neumonía, diarrea, sarampión o sida, las cinco enfermedades responsables de la mitad de los casi 10 millones de muertes anuales en niños menores de 5 años", advierte.

Acción contra el Hambre diversifica su acción en varias campañas. "Campeones contra el Hambre" intenta paliar en Sahel la situación de 1,8 millones de niños en peligro de morir por desnutrición aguda severa. Mientras, "Cada Noche" recuerda que uno de cada ocho niños "se va a dormir con hambre" en mucho países y "5.000 manos" pretende salvar a 5.000 niños con problemas de desnutrición en Malí, más del 43% de la población infantil.

Por Azucena García / Consumer Eroski

Adolescencia precoz

 

 

Un estudio español ha tratado de indagar por primera vez en los efectos en el tramo de edad de 6 a 14 años de los cambios acelerados que ha vivido la sociedad en los últimos años. La preadolescencia, entre la niñez y la pubertad, se avanza hasta los 11 años, momento en el que los menores empiezan a sentir y comportarse como auténticos adolescentes. Quienes más lo acusan son las niñas, aunque la diferencia con el sexo masculino no es demasiado significativa. A pesar de que el trabajo muestra un porcentaje bajo de problemas importantes, denota cierta rendición de algunos educadores, el impacto excesivo del consumismo o la persistencia de diferenciaciones por género en una sociedad que, en teoría, ha dejado atrás los estereotipos familiares.

La adolescencia llega antes. Se avanza hasta los 11 años, momento en el que los menores comienzan a tener sensaciones, por tradición, ligadas al periodo adolescente y a los adultos. Esto se traduce en las actividades que demandan a los padres y en su modo de vestir. Ésta es una de las principales conclusiones del estudio "Infancia y familias. Valores y estilo de educación", llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Valencia, que explica una gran parte del comportamiento de los niños entre 6 y 14 años.

Según Petra María Pérez, coordinadora del trabajo, el motivo que conduce a menudo a este cambio es no haber jugado ni leído lo suficiente, que provoca que los menores no sepan esperar y deseen las cosas de forma precipitada. Estas demandas se convierten en la causa de conflictos más destacada por los progenitores, en un 22,3%. Esta pérdida de la infancia se da más en niñas, aunque la diferencia no sea muy significativa. Son ellas quienes, bastante antes que los chicos, empiezan a usar ropa de adolescentes.

Diferentes modelos familiares

Para hacer hincapié en la realidad social, el estudio ha tenido en cuenta los modelos familiares más habituales en la actualidad: familias nucleares o convencionales, que representan el mayor porcentaje (81,6%); monoparentales, es decir, con un sólo progenitor (13,5%); reconstituidas, en las que al menos uno de los dos miembros tiene un hijo de una pareja anterior (5,26%); y familias con hijos adoptados, que representan un 3,45% del total.

La descendencia de las familias reconstituidas tiene una mayor dependencia de consumo, ya que dispone de más bienes materiales, recibe más pagas y dedica más tiempo a comprar durante los fines de semana. Este grupo también se percibe como el más rebelde. Para estos padres y madres lo más importante es atorgarles apoyo efectivo y delegan en la escuela, con mayor proporción que los otros tipos familiares, la educación de los hijos. Además, son estos chicos quienes muestran menor interés por los estudios y reciben, según el estudio, una educación más permisiva y menos autoritaria.

Los hijos de familias monoparentales se muestran como los más maduros pero, a la vez, también más tristes. Son estos progenitores quienes se revelan más inseguros para saber cómo llevar la educación de los hijos. Respecto al consumo, los hijos de familias monoparentales tienen, entre otras cosas, un número inferior de teléfonos móviles del que cabría esperar.

Cuándo surgen los problemas

El grupo más problemático es el comprendido entre 12 y 14 años, frente a los menores de 9 a 11 años. Estos últimos carecen de los problemas típicos de la preadolescencia. Es en esta edad cuando se generan menos conflictos entre hermanos y se consideran más responsables. A partir de los 11-12 años, sin embargo, diversas actitudes hacen peligrar esa antigua responsabilidad preadolescente: la falta de esfuerzo en los estudios, la poca colaboración en casa, el aspecto (ropa, pendientes, escotes, etc.) y las salidas.

El origen de los problemas en esta etapa se debe, sobre todo, a los cambios psicológicos, físicos y sociales. Respecto al aspecto físico, el proceso de aceptación será clave para la futura autoestima del preadolescente, así como para su integración y relación con los demás. Se dan durante los dos primeros años, con un cambio radical y un tiempo relativo para aceptar la nueva situación.

Los cambios psicológicos están relacionados con la aceptación de la nueva imagen física. También empiezan a formularse los primeros interrogantes sobre qué se quiere ser. De algún modo, se da cabida a un nuevo pensamiento más analítico y reflexivo, útil para resolver los problemas. Por último, hay un giro en la esfera social que está muy unida a los cambios psicológicos. La necesidad de aceptación llevará a establecer un nuevo tipo de relaciones y de situaciones sociales.

Tipos de padres y madres

En última instancia, el trabajo de los progenitores acaba por conformar los hábitos y conductas de los hijos, de modo que estos cambios se sobrelleven de la mejor manera posible. Aunque puede ser la labor más ardua del mundo, disciplina y cariño son la clave para conseguir equilibrar una balanza muy frágil, como lo es hallar la proporción adecuada entre castigo y recompensa. Respecto a la relación familiar, el estudio concluye que se dan cuatro grupos: progenitores permisivos/cohibidos, autoritarios/disciplinados, democráticos/equilibrados y sobreprotectores/controladores.

En el primer caso, se evita a los hijos cualquier esfuerzo y hay miedo a imponerles normas. Se acostumbran a dar premios excesivos a actividades cotidianas que deberían resultar normales. Los autoritarios, por otro lado, no usan el diálogo para negociar con los hijos. Todo se basa en normas, órdenes y castigos excesivos. Los padres y madres democráticos establecen normas y premios razonados, apoyan la autonomía del hijo, proporcionan responsabilidades y, por último, tratan sin violencia pero con firmeza. Los sobreprotectores tienden a limitarles la exploración del mundo, bien sea por miedo a que sufran daño, bien por un exceso de cuidado.

La hormona de la niñez

Un equipo de investigadores de la Johns Hopkins University (EE.UU.) ha publicado recientemente en la revista "Journal of Clinical Investigation" un estudio que confirma que la hormona IGF-1 tiene un papel clave en la coordinación de las fechas de inicio de la pubertad, la primera fase de la adolescencia. Según los científicos, el inicio de la pubertad se desencadena por la liberación de la hormona que libera a su vez gonadotropinas (GnRH) de las células nerviosas en el hipotálamo.

El estudio, llevado a cabo en ratones, mostró que a los roedores que se suprimió el receptor de IGF-1 se les retrasó el desarrollo de la pubertad, pero su fertilidad era normal. Por otra parte, la administración de IGF-1 a ratones hembras normales desencadenó la pubertad.

Núria Llavina Rubio / Consumer

Imágen: www.matton.es

Exceso del uso de flúor en higiene infantil ocasiona manchas y debilidad en la dentadura de los niños

Esta sustancia química está presente en productos de cuidado dental que favorece la protección contra las caries.

La caries tiene un único culpable: el azúcar. Los alimentos dulces se pegan a los dientes y si no se limpian rápidamente se acunan en los recovecos de las piezas dentales. Allí, felices, empiezan a ‘taladrar y taladrar’ hasta hacer huecos. A eso se le llama caries. Y si el dueño de esa boca no mantiene una adecuada limpieza oral, las bacterias se apropian de tal manera, que los dientes se caen. Por esa razón, la fabricación industrializada y, por lo tanto, masiva de azúcar coincide con las alzas en los niveles de caries dental.
Es decir, si no existiera el dulce, tampoco lo haría la caries. Pero como esta ecuación es imposible, la mejor fórmula es el cepillado constante. Además de un cepillo y agua, se han creado métodos que permiten blindar la boca contra las bacterias, como la adición de flúor a productos de higiene oral. Aún así, más de la mitad de la población mundial no se libra de estas.  A continuación, 4 aspectos importantes que los padres deben saber sobre el flúor:

 

1. Flúor: el salvador
A comienzos del siglo XX, un grupo de investigadores decidió, asombrado, determinar por qué ninguno de los habitantes de una población en Estados Unidos tenía caries. Después de varias pesquisas, descubrieron que se debía al agua que consumían, pues el flúor estaba presente en la tierra y el líquido que llegaba a sus casas contaba con este protector natural.
El flúor es un elemento químico que disminuye la posibilidad de que los dientes pierdan minerales; además, afecta el metabolismo de las bacterias que se prenden de los dientes y que se reproducen con especial rapidez.
Después de este descubrimiento se tomaron medidas, como la inclusión de este elemento en las aguas tratadas en los acueductos, así como en la sal. Actualmente, las pastas de dientes y los enjuagues bucales también lo traen.

 

2. Flúor: el crucificado
Pero como lo que no está en su justa medida es perjudicial, este exceso de flúor en los diferentes productos de consumo humano ha traído críticas y llamados de alerta, pues su presencia en el organismo está asociada a diferentes enfermedades como osteoporosis; por ende, aumento en las fracturas, algunos tipos de cáncer óseo y otras patologías dentales.
En Colombia, por ejemplo, un grupo de expertos de la Universidad Nacional realizó una investigación hace 10 años en Agua de Dios, municipio de Cundinamarca, pues la estudiante de odontología Carolina Gómez observó un elevado número de manchas en los dientes en la población infantil.
Martha Lucía Calle, odontóloga asociada de la facultad de odontología de la Universidad Nacional,  y Edgar Delgado, químico y docente de la facultad de ciencias del departamento de química de la misma universidad, determinaron que todos los niños de esta población presentaban las manchas que observó la estudiante. Eso significaba la presencia de caries y, además, intoxicación por flúor o fluorósis.  Dice Delgado que en exceso esta sustancia genera el efecto contrario, pues ya no protege a los dientes de la caries, sino que debilita los dientes, porque los desmineraliza y se forman huecos en donde se albergan las bacterias, hasta que se pierden las piezas.

 

3. Manchas imborrables
Las primeras señales que se presentan para determinar que existe intoxicación por flúor son manchas en los dientes que no tienen manera de desvanecerse. Pero si no aparecen, un odontólogo no puede determinar que existe exceso en el organismo del paciente. Por esa razón, muchos especialistas lo aplican en los consultorios como manera de prevención, cuando probablemente no es necesario, porque no tiene un método de diagnóstico que le permita determinarlo.
Dice la odontóloga e investigadora Martha Calle, que esta complicación no distingue estratos sociales, pues todos los niños son atraídos por el sabor de las cremas dentales y cuando están aprendiendo a cepillarse solos, disfrutan el sabor de chicle, fresa o cualquier dulce y se tragan la crema; entonces, el flúor va adicionándose a los huesos.  
Por eso les recomienda a los padres estar siempre vigilantes durante el momento del aseo dental, mientras el niño entiende la idea de que la pasta de dientes no es para comer.

 

4. ¿Cómo frenar el exceso?
Al observar las cremas dentales del supermercado se puede ver que la mayoría, por no decir todas, vienen adicionadas con flúor, así como los enjuagues bucales. Existen zonas del país en donde ya no ‘enriquece’ el agua con este elemento químico, como en Bogotá. Ya lo recomendaban los médicos: evitar uso de enjuague, vigilar el cepillado de los niños y disminuir la aplicación de sal en las comidas, que además traerá otros beneficios a la salud.
En esta investigación de Calle y Delgado, también encontraron que el aseo dental de los niños en Agua de Dios es bastante deficiente, pues no tenían una rutina establecida en casa para asearse la boca tres veces al día.
Los hábitos deben ser establecidos por los adultos desde los primeros meses de vida, cuando las encías del bebé deben limpiarse con una gaza húmeda, se envuelve en el dedo y se pasa por toda la boca. También existen cepillos para este fin, con cabeza pequeña y redonda que facilita la tarea.
Todos los días, a la misma hora, el ritual debe ser el mismo, para que el niño aprenda la rutina. Usar cepillos de dientes atractivos y hacer el momento de la limpieza una circunstancia agradable facilitará la tarea. Los padres no pueden ser flexibles y permitir que un día lo hagan, al día siguiente no, porque esto no generará la costumbre y la necesidad en los niños.
De igual manera, los dientes temporales deben limpiarse con el mismo cuidado con el que se hará para la dentadura definitiva, pues de su buena limpieza dependerá el desarrollo de los maxilares y la aparición de las nuevas piezas que saldrán con el espacio suficiente. Los expertos también recomiendan una sana alimentación, que es útil en la formación de los tejidos en los niños. Por ejemplo, el consumo constante de lácteos calcifica huesos y dientes, lo que ayuda en la resistencia a las bacterias.  Cuando aprenden a cepillarse no es necesario usar crema dental, pues lo más importante es que el cepillo de dientes pase por todas las piezas, incluida la lengua, para evitar la acumulación de bacterias. Esto debe hacerse después de que el niño come. No se le puede permitir dormirse con el tetero, pues el metabolismo de las bacterias es muy rápido.

 

Evidencias científicas

Estudios publicados en revistas científicas de orden mundial han determinado que el exceso de flúor en el organismo podría ser el responsable del aumento en las fracturas de cadera, pues los huesos se desmineralizan.
Otras investigaciones realizadas especialmente en Estados Unidos, donde le añaden flúor al agua, han relacionado la aparición de tumores cancerígenos con el flúor. Una compañía farmacéutica en ese mismo país realizó una observación con pacientes que usan con frecuencia crema de dientes con este elemento. Se determinó que contribuye a la pérdida del hueso periodontal, es decir, la caída de los dientes. Además, aumenta la posibilidad de sufrir gingivitis y periodontitis, enfermedades inflamatorias de las encías.

 Por: Juliana Rojas Hernández/Redactora ABC del bebé

La genética, la estatura y el problema de la herencia perdida

 

La estatura de una persona es un gran problema para los genetistas. La altura se hereda. La altura de nuestros padres predice el 80–90% de nuestra estatura. La búsqueda en el genoma de las marcas genéticas asociadas a la estatura no ha tenido éxito. Se han encontrado unas 50 variantes asociadas a la altura, pero solo dan cuenta del 5% de la herencia de la estatura. Este problema no se reduce solo a la altura. Muchos caracteres (fenotipos) humanos que sabemos que se heredan tienen el mismo problema: no sabemos qué es exactamente lo que se hereda, las marcas genéticas de esta herencia (polimorfismos de un solo nucleótido o SNP). Los genetistas le llaman el problema de la “herencia perdida” (de forma coloquial “el cuento chino de la herencia”). Un nuevo estudio, publicado en Nature Genetics y dirigido por el australiano Peter Visscher, sugiere que este problema no tiene solución (han encontrado 294831 SNP asociados a la altura en 3925 individuos). El fenotipo depende de un enorme número de pequeñas variantes genéticas que tienen pequeños efectos que se acumulan de forma constructiva. El genetistas aplican un corte estadístico a la significación de un SNP en un fenotipo determinado. El nuevo estudio indica que dicho corte descarta muchos SNP que son importantes. El nuevo estudio en lugar de considerar los SNP uno a uno, utiliza un análisis estadístico de conjunto de SNP. En relación a la altura han encontrado conjuntos que explican hasta el 45% de la variación genética en la altura. El gran problema de este tipo de estudios de conjunto de SNP en lugar de SNP individuales es que requieren muestras de genomas enormes, cientos de miles de genomas, para lograr un buen resultado, lo que encarecde mucho estos estudios. El problema de la “herencia perdida” se nos antoja mucho más complicado de lo esperado. Mención hecha por Alla Katsnelson, “Genetics tells tall tales. The genetic basis of common traits may be buried deeper than researchers had thought,” News, Nature 465: 998, 21 June 2010, haciéndose eco del artículo técnico de Jian Yang et al, “Common SNPs explain a large proportion of the heritability for human height,” Nature Genetics 42: 565–569, 20 June 2010.

Los estudios de asociación entre rasgos humanos complejos o enfermedades (fenotipos) y genomas completos (estudios GWAS o genome-wide association studies) están limitados por el tamaño de las muestras utilizadas. Un estudio de Park et al. sobre el tamaño de estas muestras afirma que se requiere como mínimo el análisis de 50000 genomas para obtener resultados significativos. La estimación se basa en los estudios GWAS asociados a la altura, la enfermedad de Crohn y el cáncer de mama, próstata y colon. Un estudio genético de cientos de miles de casos tiene un coste tan alto que no parece probable que vayan a ser emprendidos en un futuro cercano. Dada la complejidad del genoma, secuenciar nuestro propio genoma, un servicio que ofrecen muchas empresas, tiene poca utilidad en estos momentos ya que seguirá siendo difícil detectar en dicho genoma rasgos que caractericen nuestro fenotipo de forma clara y unívoca. Proposición de Greg Gibson, “Hints of hidden heritability in GWAS,” Nature Genetics 42: 558–560, 20 June 2010, haciéndose eco del artículo ya mencionado de Jian Yang et al. y del de Ju-Hyun Park et al., “Estimation of effect size distribution from genome-wide association studies and implications for future discoveries,” Nature Genetics 42: 570–575

http://francisthemulenews.wordpress.com

Desarrollan un test sanguíneo que permite detectar anomalías cromosómicas en el feto durante el embarazo

Un test sanguíneo "barato, sencillo y no invasivo" permite detectar "con precisión" anomalías cromosómicas en el feto durante el embarazo, de acuerdo con el hallazgo anunciado por un equipo de investigadores del Centro Médico de la Universidad de Maastricht (Holanda). Esta técnica podría sustituir a la amniocentesis y a la muestra de vellosidades coriónicas, dos pruebas invasivas que comportan el riesgo de provocar un aborto, señalaron los científicos.

Los investigadores holandeses utilizaron sondas genéticas moleculares para detectar el ADN perteneciente al feto en muestras de sangre tomadas de las mujeres gestantes. De momento, la técnica ha demostrado una fiabilidad de en torno al 80% debido a los resultados falsos negativos, aunque los investigadores trabajan para mejorar la precisión de la sonda.

Esta investigación ha conseguido identificar el ADN del cromosoma Y, que indica que el feto es un varón, y por consiguiente, podría correr el riesgo de heredar un trastorno vinculado al X, como la distrofia muscular de Duchenne o la hemofilia. Sin embargo, los científicos creen que se puede utilizar el mismo método para detectar la trisomía 21 (en la que un cromosoma 21 adicional causa el síndrome de Down), seguido de las trisomías 13 y 18 (responsables de causar los síndromes de Patau y Edwards respectivamente), lo que a la larga haría innecesarias las pruebas invasivas prenatales en las embarazadas.

El equipo, dirigido por la doctora Suzana Frints, utiliza la técnica "Multiplex Ligation-dependent Probe Amplification (MLPA)", una técnica de detección del ADN fetal presente en la sangre de las mujeres que llevan como mínimo entre seis y ocho semanas de gestación. La prueba MLPA forma parte de un kit que en la actualidad ya se utiliza en todo el mundo para detectar anomalías cromosómicas en muestras de líquido amniótico o de vellosidades coriónicas obtenidas de forma invasiva de las mujeres gestantes. Este kit proporciona resultados en entre 24 y 62 horas, pero hasta ahora sólo se había utilizado en muestras extraídas mediante procedimientos invasivos, por lo que no se sabía si funcionaría en el ADN fetal, libre de células, que circula en las muestras de sangre de las mujeres gestantes.

Un test sanguíneo "barato, sencillo y no invasivo" permite detectar "con precisión" anomalías cromosómicas en el feto durante el embarazo, de acuerdo con el hallazgo anunciado por un equipo de investigadores del Centro Médico de la Universidad de Maastricht (Holanda). Esta técnica podría sustituir a la amniocentesis y a la muestra de vellosidades coriónicas, dos pruebas invasivas que comportan el riesgo de provocar un aborto, señalaron los científicos.

Los investigadores holandeses utilizaron sondas genéticas moleculares para detectar el ADN perteneciente al feto en muestras de sangre tomadas de las mujeres gestantes. De momento, la técnica ha demostrado una fiabilidad de en torno al 80% debido a los resultados falsos negativos, aunque los investigadores trabajan para mejorar la precisión de la sonda.

Esta investigación ha conseguido identificar el ADN del cromosoma Y, que indica que el feto es un varón, y por consiguiente, podría correr el riesgo de heredar un trastorno vinculado al X, como la distrofia muscular de Duchenne o la hemofilia. Sin embargo, los científicos creen que se puede utilizar el mismo método para detectar la trisomía 21 (en la que un cromosoma 21 adicional causa el síndrome de Down), seguido de las trisomías 13 y 18 (responsables de causar los síndromes de Patau y Edwards respectivamente), lo que a la larga haría innecesarias las pruebas invasivas prenatales en las embarazadas.

El equipo, dirigido por la doctora Suzana Frints, utiliza la técnica "Multiplex Ligation-dependent Probe Amplification (MLPA)", una técnica de detección del ADN fetal presente en la sangre de las mujeres que llevan como mínimo entre seis y ocho semanas de gestación. La prueba MLPA forma parte de un kit que en la actualidad ya se utiliza en todo el mundo para detectar anomalías cromosómicas en muestras de líquido amniótico o de vellosidades coriónicas obtenidas de forma invasiva de las mujeres gestantes. Este kit proporciona resultados en entre 24 y 62 horas, pero hasta ahora sólo se había utilizado en muestras extraídas mediante procedimientos invasivos, por lo que no se sabía si funcionaría en el ADN fetal, libre de células, que circula en las muestras de sangre de las mujeres gestantes.

http://www.consumer.es

Teléfonos celulares y salud

¿Son nocivas para la salud las ondas que emiten aparatos como las antenas de telefonía y los teléfonos móviles? Ésta es una pregunta que, de forma recurrente, se formula buena parte de la población acerca de unos dispositivos que se han extendido tanto y de manera tan rápida en los últimos años, que ocupan un importante lugar en la vida cotidiana. A falta de evidencias científicas que sostengan sus efectos sobre la salud humana y ante la posibilidad de nuevos descubrimientos, se debe aplicar el principio de precaución. No obstante, si hay un riesgo demostrado de manera indiscutible: utilizar el móvil mientras se conduce aumenta las posibilidades de sufrir un accidente de tráfico.

En la memoria colectiva española permanece la detección de varios casos de cáncer infantil en la escuela García Quintana, de Valladolid, donde varias antenas de telefonía móvil se localizaban muy próximas al centro escolar. El temor a los efectos sobre la salud de esta tecnología, que todavía hace pocos años que se utiliza, asalta cada cierto tiempo. Pero, ¿qué ha averiguado la ciencia al respecto?

Las ondas electromagnéticas que emiten las antenas de telefonía y los móviles no son ionizantes. Esto significa que, aunque tienen efectos térmicos, no se han demostrado sus efectos genotóxicos (no rompen las cadenas de ADN, es decir, del material genético), ni sobre la reproducción y el desarrollo fetal, el sistema inmune ni el endocrino, o una relación entre las emisiones de ondas electromagnéticas y el cáncer. Al menos, a los niveles de dosis de radiación permitidos por los organismos internacionales, según la potencia a la que se emiten. Así lo afirmó Ferran Tarrasa, jefe de Ingeniería de la Planta de la Central Nuclear de Ascó (Tarragona), durante una conferencia sobre ondas electromagnéticas y salud pronunciada en fechas recientes en Barcelona.

Limites máximos

En España, el Real Decreto 1066/2001 estableció las medidas de protección sanitaria contra las radiaciones de la telefonía móvil y fijó los límites máximos de estas radiaciones en 2 watios por kilo, de acuerdo con los límites recomendados por la Comisión Internacional para la Protección contra las Radiaciones no Ionizantes (ICNIRPP). Además de instaurar estos niveles, esta normativa reconoció que la telefonía móvil no hace tantos años que es una realidad y, por lo tanto, prevé que los límites fijados de radiaciones varíen si aparecen nuevos estudios científicos que así lo aconsejen, lo que no ha sucedido hasta ahora con numerosos trabajos que se han realizado desde 1998.

La situación varía en otros países donde, asegura Tarrasa, se han fijado límites inferiores a los 2 watios por kilo recomendados por la ICNIRPP; no por razones científicas, sino por decisión política, con el fin de tranquilizar todavía más a la población.

Los estudios que se han realizado hasta ahora son de dos tipos: "in vitro", es decir, en cultivos celulares, sobre los que se comprueban los efectos de las microondas a distintas potencias; e "in vivo", en animales de laboratorio o en humanos voluntarios, a quienes se somete a dosis de radiofrecuencia, según los límites fijados por la normativa, bajo condiciones controladas de forma estricta.

Evidencia científica

Se entiende que los estudios en una pequeña muestra de ratones no bastan para demostrar una relación de causa-efecto entre las radiaciones recibidas por estos animales y la generación de una enfermedad, ya que sería necesario un número mucho más amplio. Además, el hecho de que una antena de telefonía esté muy cerca de una escuela no es suficiente para concluir que ésta es la causa de ciertos casos de cáncer, ya que puede haber otros factores en las inmediaciones que influyan en ello, explica Tarrasa.

Sin embargo, en 2006 el comité europeo que se dedica a analizar los nuevos riesgos para la salud, no debidos a enfermedades definidas sino a otras causas asociadas, emitió un informe donde señalaba que no se había podido demostrar que estas ondas electromagnéticas tengan efectos negativos sobre la salud a niveles de exposición por encima de los límites establecidos por la ICNIRPP, si bien no hay datos a largo plazo.

En 2009, un estudio epidemiológico de la Sociedad Danesa del Cáncer analizó unos 60.000 casos en 16 millones de personas de Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia durante 30 años, entre 1973 y 2003. Se pretendía comprobar si la aparición de los teléfonos móviles había inducido algún cambio en la tasa de incidencia de esta patología y su conclusión fue que las tasas posteriores a la introducción y uso de los celulares en la sociedad no habían variado. "Los teléfonos móviles no son un factor de riesgo para los tumores cerebrales", afirma el especialista.

Otra revisión de la Universidad Complutense de Madrid y del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencia y Salud, sobre estudios de la exposición a las microondas de la telefonía móvil, demostró que su uso en adultos durante un periodo de diez años no se ha asociado a una mayor tasa de tumores cerebrales. Mientras, una de las investigaciones más recientes, realizada por la Academia de Ciencias, Tecnología y Medicina de Francia, ha analizado los últimos 97 estudios sobre la red de telefonía móvil y ha descartado efectos genotóxicos, influencia en el sistema inmune o efectos carcinogénicos por exposición en zonas donde hay antenas.

El único riesgo directo del teléfono móvil que se ha demostrado es la posibilidad de sufrir un accidente mientras se conduce. Mantener una conversación sin el uso de manos libres aumenta el riesgo de accidente de circulación entre tres y cuatro veces. "Y éste es un riesgo real, confirmado, por culpa de la distracción del teléfono móvil", destaca Tarrasa.

Creencias erróneas de antenas y móviles

 

El miedo a las antenas de telefonía móvil, a menudo, ha llevado a la población a pedir que las alejen de un determinado punto. Pero esta medida es un error ya que, cuanto más cercana esté una antena de telefonía, menor será la potencia a la que emita. En cambio, cuanto más lejos se localice, mayor será la potencia que tendrá que usar para recibir y enviar las señales de los teléfonos móviles. Por esta razón, lo más favorable para proteger la salud no es siempre instalar pocas antenas y en puntos alejados, y "cada vez tenemos más antenas, pero que emiten a menos potencia", declara Ferran Tarrasa.

Llevar los teléfonos móviles en el bolsillo cuando hay cobertura no entraña riesgos. Al conectar con una antena de telefonía para establecer una llamada, recibirla o enviar un sms, el móvil transmite a la máxima potencia para garantizar la sincronización y señalización con la red; la potencia se acerca a los límites fijados por la normativa aunque siempre se encuentran por debajo. Después, una vez que se establece la llamada, la potencia baja.

"El riesgo de las antenas de telefonía y de los móviles no es cero, pero es mínimo y no se han podido demostrar efectos perjudiciales graves para la salud", según el experto. No obstante, se debe aplicar el principio de precaución, que consiste en ser prudente cuando no hay una evidencia científica suficiente respecto a una determinada cuestión y, en especial, en el caso de los niños.

Clara Bassi

Las bases cerebrales del apetito

Una predisposición cerebral regulada por hormonas, que aparece en las primeras semanas de vida, podría explicar las claves del apetito.

 

La sensación de apetito o de saciedad tienen mucho que ver con señales moleculares que emergen del cerebro y que impactan en vías metabólicas concretas. Algunas de ellas podrían explicar trastornos como la obesidad mórbida y ayudar a regular desórdenes en los que el sobrepeso se presenta como síntoma más evidente. La leptina, según demuestran experimentos recientemente publicados en Science, parece consolidarse como molécula clave de estos mecanismos.

Aun cuando sean un ruido líquido en la barriga o una salivación súbita los indicadores fisiológicos de que tenemos hambre, la base de semejante sensación reside más arriba. De hecho, no son más que alarmas cuyo centro de control reside en el cerebro. Ahí es, donde según todos los indicios acumulados hasta la fecha, emerge la señal para que una hormona específica, la leptina, participe de los mecanismos que regulan el apetito. La última aportación en este sentido parece demostrar que la tendencia a la obesidad de un individuo adulto puede determinarse a las pocas semanas de vida, analizando la intensidad con la que esta hormona regula precisamente la sensación de apetito.

De acuerdo con los resultados obtenidos por un equipo de investigadores dirigido por Richard Simerly, de la Oregon Health Sciences University (OHSU), el papel de la leptina en los mecanismos que influyen en la predisposición a la obesidad es mucho más que especulativo. Simerly empleó ratones modificados genéticamente para determinar la influencia del cerebro en el desarrollo de la obesidad y el papel de la leptina. Con anterioridad, se sabía que el nivel de leptina en los tejidos grasos de nuestro organismo resulta clave para entender el impulso de comer: a mayor nivel de leptina, menor sensación de hambre. Lo que Simerly hizo fue comparar la evolución de ratones sin leptina en su organismo con la de ratones tratados con dosis suplementarias de la hormona. Mientras que los primeros alcanzaron la madurez con una obesidad mórbida y una perenne sensación de apetito, los segundos lo hicieron con una flaqueza excepcional y sin un interés especial por la comida.

El investigador de Portland, que ha publicado sus conclusiones en la revista Science, analizó después los cerebros de los ratones y descubrió que la población de neuronas en la zona cerebral que controla el apetito de los ratones tratados con leptina era mucho mayor y que los cambios fisiológicos duraban permanentemente.

A modo de explicación, el equipo de la OHSU postula que la administración de leptina en ratones recién nacidos provoca una configuración neuronal en la zona cerebral que controla el apetito que durará toda la vida y que reprimirá de forma eficaz toda ingestión no indispensable.

Hallazgo fundamental

Investigaciones recientes abren la vía de regular los impulsos del apetito con un tratamiento hormonal administrado en las primeras semanas de vida Sadaf Farooqi, investigador de la Universidad de Cambridge, está considerado una autoridad mundial en materia de obesidad. Con respecto al artículo de Simerly asegura que se trata de un «hallazgo fundamental». El descubrimiento, desvela, abre una vía a la especulación de regular los impulsos del apetito de por vida con un tratamiento hormonal administrado en las primeras semanas de vida y que permitirán al individuo modular su apetito a las necesidades reales del organismo, consumiendo sólo las calorías indispensables.

Fisiológicamente, la cantidad de leptina que un recién nacido posee no depende de su alimentación perinatal sino de su configuración genética, lo que apoya la tesis de que la obesidad puede estar condicionada por genes. En la medida en que la leptina estimule el desarrollo neuronal en la zona del cerebro que regula el apetito, el ser humano crecerá con un mayor discernimiento sobre su sensación de saciedad (se saciará más con menos).

Farooqui se muestra partidario de profundizar en el modo en que la leptina configura las neuronas que habrán de regular el hambre para sentar las bases de una intervención farmacológica, pudiendo corregir el déficit hormonal en individuos que nacen con esta predisposición genética. «En la actualidad, existen fármacos que imitan la modulación cerebral que lleva a cabo la leptina, pero habría que pensar en una actuación directa», especula el investigador británico.

Los Centros para el Control de las Enfermedades de EEUU han reconocido recientemente que la obesidad supera ya al tabaco como principal causa prevenible de enfermedad. Una obesidad mórbida dispara el riesgo de enfermedades como la diabetes tipo 2 y algunas formas de cáncer. La OMS, de hecho, advierte en un informe reciente que la obesidad acapara el 7% de todos los costes de salud en los países desarrollados. «Aun cuando la moderación en las comidas y la práctica de 30 minutos de ejercicio físico diario suponen un remedio eficaz a este problema», advierte Farooqui, «no podemos olvidar que muchos pacientes necesitarán, además, una intervención farmacológica».

Las señales del hambre

La investigación publicada ahora sobre leptina se inscribe en un marco mucho más amplio que persigue, desde hace años, encontrar claves fisiológicas que ayuden a comprender no tanto los mecanismos que rigen la obesidad como los que determinan lo que se denomina «las señales del hambre». En buena parte, éstas emergen en el cerebro y desde ahí activan respuestas, en su mayor parte mediadas por hormonas, que se traducen en algo tan visible como la sensación de hambre o de saciedad.

La influencia de estas respuestas obre el organismo son igualmente visibles, aunque la que mejor representa su valor es la tendencia a ganar o a perder peso de forma aparentemente injustificada. El desorden metabólico responsable de la obesidad mórbida se sitúa en este contexto. Y algunos autores sostienen que enfermedades alimentarias de claro componente nervioso como la anorexia y la bulimia podrían guardar algún tipo de relación.

Sea cual sea la causa, cada vez está ganando mayor peso la predisposición genética y su traducción, en forma de proteínas (o señales hormonales), como fórmula para explicar estos desórdenes. Del mismo modo, la industria farmacéutica ha entrado desde hace un decenio largo en la carrera por hallar moléculas específicas que interfieran en estas señales. Tras años de fracasos, algunos de ellos extraordinariamente sonoros en el sector, la investigación se centra cada vez más en moléculas que, como la leptina, apuntan en esta dirección. Otras fórmulas para controlar las señales del hambre, como algunos psicoestimulantes, han entrado en declive por la gravedad de sus efectos secundarios.

 La hormona del apetito

 

En nuestro medio, un equipo coordinado por Edurne Simón (Departamento de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia en la Universidad del País Vasco) han estudiado la influencia de la leptina en el desarrollo de la obesidad. «Existen numerosos factores neuroendocrinos encargados de regular la ingestión y el balance energéticos, como son los agentes beta-adrenérgicos, la colecistoquinina o el neuropéptido; sin embargo, fue el descubrimiento de la leptina el desencadenante de múltiples investigaciones destinadas a establecer los mecanismos implicados en esta homeostasis», indica la investigadora.

La homeostasis energética del organismo permite establecer una estabilización del peso corporal y de la masa grasa a través de una red compleja de sistemas fisiológicos que regulan el aporte, el gasto y el almacenamiento de las reservas energéticas.

Para llevar a cabo este proceso, debe existir un mecanismo que señalice el nivel de reservas energéticas y mande una señal que se pueda transmitir a los centros reguladores del organismo. De este modo, los lugares de control del sistema nervioso central (SNC) y, en particular, del hipotálamo, deben poder recibir e integrar el mensaje sobre el estado del depósito energético. Por tanto, «debe existir un mecanismo que module las señales periféricas y los centros nerviosos, para intervenir en la regulación de los dos componentes del balance energético, el aporte y el gasto de energía».

Estos estudios no encontraron una confirmación evidente hasta el descubrimiento de una hormona adipostática con poder saciante, a finales de 1948, a la que que se denominó leptina. Un gen presente en el cromosoma 7 humano es el encargado de codificar la síntesis de leptina, llamada así en virtud de la palabra griega leptos, que significa delgado. La leptina es un péptido de 167 aminoácidos, con un ritmo circadiano relacionado, entre otras cosas, con la pauta de ingestión, aumentando a lo largo del día en humanos (de hábitos diurnos) y reduciéndose en el caso de roedores (de hábitos nocturnos). No se conoce exactamente el mecanismo responsable del valor máximo de leptina a lo largo del día en los humanos, aunque parece estar modulado por el régimen de horas de luz/oscuridad, la ingestión y las horas de sueño del individuo. 

 Jordi Montaner / Consumer

Adolescentes con riesgo cardiovascular

El 40% de los jóvenes podría sufrir problemas cardiovasculares en la etapa adulta motivado por el sedentarismo

 

 

El número de jóvenes con problemas de obesidad crece de manera continua. Como consecuencia aumentan los problemas que derivan de ella: el 40% de los adolescentes tienen riesgo de enfermedad cardiovascular. Es previsible que cada vez sean más quienes estén en esta situación y sufran en la etapa adulta este tipo de problemas, a pesar de que varios programas dedicados a la promoción del

 

 

 

deporte en la etapa infantil y en la adolescencia intentan reducir las cifras. El sedentarismo juega un papel mucho más importante del que se pensaba hasta ahora: las horas de ocio sedentario son las que más influyen en el incremento del riesgo cardiovascular, con independencia de la actividad física que se realice.

Una gran parte de la población vive en un ambiente "obesogénico". Éste se caracteriza por posibilitar un acceso fácil a alimentos de gran palatabilidad (conjunto de calidades sensoriales) y energía, así como por restringir y desincentivar la realización de actividad física. La Sociedad Española de Cardiología lanza esta advertencia. La falta de actividad física se ha reforzado a consecuencia de la cantidad de horas que los niños pasan sentados en la escuela, el uso del transporte motorizado para desplazarse y la proliferación de actividades de ocio tecnológico, que incitan al sedentarismo, entre otros.

El problema ha llegado a tal punto, que datos del Instituto Nacional de Estadística de finales de 2009 consideraban que la obesidad en los jóvenes es uno de los tres principales problemas de salud de los ciudadanos, junto con el tabaquismo y el dolor de espalda. Un informe realizado por el Centro Cochrane Iberoamericano, del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, asevera que el 40% de los adolescentes tienen ya, a estas edades tempranas, riesgo de enfermedad cardiovascular.

Sedentarismo, la clave

Aunque los jóvenes decidan practicar un deporte, el abuso del ocio sedentario aumenta el incremento del riesgo cardiovascular, con independencia del ejercicio que se realice. Según el estudio AFINOS, elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en colaboración con el Departamento de Educación Física, Deporte y Motricidad Humana de la Universidad Autónoma de Madrid y el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Complutense de la misma ciudad, no sólo es importante realizar actividad física de forma consciente. Lo fundamental es reducir el tiempo sedentario, es decir, el número de horas con bajo consumo energético. El trabajo, publicado en la "Revista Española de Cardiología", sugiere que sólo así podrá evitarse el mayor riesgo cardiovascular global.

Los resultados de AFINOS muestran que los jóvenes que dedican más tiempo a conductas sedentarias tienen cifras más altas de presión arterial, triglicéridos y glucosa, así como mayor riesgo cardiovascular global, del mismo modo que también tienen mayor nivel de acumulación de tejido adiposo, general y abdominal. Además, se ha demostrado que los adolescentes con sobrepeso que son sedentarios, incrementan todavía más el riesgo cardiovascular. 

Más deporte, menos sedentarismo

El Programa Thao, además, destaca que durante los fines de semana, el tiempo dedicado a la actividad física se reduce de manera considerable a menos de una hora al día (hasta un 43% de los jóvenes no realizan ninguna actividad o deporte los domingos). Por el contrario, se incrementa de forma notable el tiempo dedicado a actividades sedentarias relacionadas con las nuevas tecnologías, sobre todo, el uso de consolas y ordenadores. Los datos constatan que la utilización de estos aparatos se incrementa hasta un 82,5% los sábados y domingos. Los expertos remarcan la importancia de los progenitores para potenciar la actividad física de sus hijos.

La promoción del deporte es otra de las claves para reducir los hábitos sedentarios. En España ya se han llevado a cabo varios programas, como PATH ("Physical Activity and Teenage Health"), que informa sobre temas relacionados con la salud, educar para conseguir un cambio de hábitos y fomentar el ejercicio o entrenamiento físico. Por otro lado, según Thao, hay que ayudar a los niños a descubrir los deportes que más les motiven y fomentar el desarrollo de los espacios públicos donde jugar de manera activa al salir de la escuela. Su programa se titula "3,2,1... ¡Adelante! La actividad física es diversión y salud!" y reúne múltiples propuestas para incrementar el tiempo dedicado a la actividad física y hacer frente al sedentarismo.

Imaginación para promover el deporte

 

Es complicado luchar contra los videojuegos e Internet, una de las mayores distracciones actuales de los jóvenes. Son muchas las estrategias que se llevan a cabo en todo el mundo para promocionar el deporte y reducir las tasas de obesidad y sedentarismo. Varios estudios intentan encontrar alternativas a las campañas convencionales para conseguir que más adolescentes se adhieran a hábitos saludables.

Un estudio reciente de la Universidad de Leeds (Reino Unido), publicado en la revista "Journal of Health Psychology", ha constatado que cuando la actividad física se estimula con el fomento de máximas como "serás más feliz", los resultados son mejores que con motivos racionales como "estarás más sano". Las estrategias actuales sólo se dirigen a explicitar las mejoras para la salud que representa la práctica de ejercicio físico. No obstante, los expertos aún estudian los motivos de tales resultados, aunque una de las hipótesis apunta que los beneficios emocionales son más inmediatos que los racionales.

Núria Llavina Rubio / Consumer Eroski /Imagenes  de Casey Fleser y de Little Baby G.