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DIAGNÓSTICO

Esperanza para pacientes con insuficiencia cardiaca

Esperanza para pacientes con insuficiencia cardiaca

   La insuficiencia cardiaca es una enfermedad silente, caracterizada por la incapacidad del corazón de bombear suficiente sangre a todo el cuerpo.

La Eplerenona, molécula propiedad de Pfizer.es un medicamento que promete ser una solución efectiva en el tratamiento de esta afección, ya que logra reducir considera­blemente los índices de mortalidad y morbilidad en estos pacientes.

El cardiólogo estadounidense Bertram Pitt explica que la Eplerenona actúa como bloqueador de la hormona aldosterona -encargada de con­trolar la presión sanguínea-, la cual puede  ocasionar fallas  cardíacas graves si se produce en cantidades superiores a las necesarias.

 

El trata­miento con este fármaco está indicado para pacientes con insuficiencia car­diaca luego de haber sufrido un infarto agudo del miocardio.

"Los análisis hechos hasta ahora demuestran que el bloqueo de aldos­terona   producido por este fármaco es muy efectivo en la Disfunción Ventricular
Izquierda,    lo    cual indica que se convertirá en un gran factor tera­péutico para esta enfermedad", comenta el doctor. Asimismo, informó que luego de un mes de tratamiento con esta molécula los beneficios en la salud son evi­dentes, ya que se logra una reducción de 30% en el riesgo de muerte.


Fuentes consultadas: Nolck Red América / Unidad Creativa de Comunicaciones Pfizer Venezuela S.A.

Arreglando el Mundo



Vale la pena recordarlo en estos días en los que el mundo entero está amenazado por la guerra.

 

 

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas. Cierto día, su hijo de 6 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.

 

 

El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera entretenerlo. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recorto el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: ’como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie’.

 

 

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.

 

 

-         ’Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo’.

 

 

Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que, a su edad haya conseguido componer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

 

 

Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

 

 

-         Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

 

 

-         ‘Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era.

 

Cuando conseguí arreglar al hombre,

di vuelta a la hoja y vi

que había arreglado al mundo’.

GABRIEL GARCÍA MARQUEZ

Gotas de Sabiduría

Gotas de Sabiduría

EL TESORO EN LA COCINA

Un cuento hasídico

 

Una noche, le fue ordenado en sueños al rabino Isaac que acudiera a la lejana Praga y que, una vez allí, desenterrara un tesoro escondido debajo de un puente que conducía al palacio real. Isaac no se tomó el sueño en serio; pero, al repetirse éste cuatro o cinco veces, acabó decidiéndose a ir en busca del tesoro.

 

Cuando llegó al puente, descubrió consternado que estaba día y noche fuertemente vigilado por los soldados. Todo lo que podía hacer era contemplar el puente a una cierta distancia. Pero, como acudía allá todas las mañanas, el capitán de la guardia se le acercó un día para averiguar el porqué. El rabino Isaac, a pesar de lo violento que le resultaba confiar su sueño a otra persona, le dijo al capitán toda la verdad, porque le agradó el buen carácter de aquel cristiano.

 

El capitán soltó una enorme carcajada y le dijo: "¡Cielos! ¿Es usted un rabino y se toma los sueños tan en  serio? ¡Si yo fuera tan estúpido como para hacer caso a mis sueños, ahora estaría dando vueltas por Polonia! Le contaré un sueño que tuve hace varias noches y que se ha repetido unas cuantas veces: una voz me dijo que fuera a Cracovia y buscara un tesoro en el rincón de la cocina de un tal Isaac, hijo de Ezequiel. ¿No cree usted que sería la mayor estupidez del mundo buscar en Cracovia a un hombre llamado Isaac y a otro llamado Ezequiel, cuando probablemente la mitad de la población masculina de Cracovia responde al nombre de Isaac, y la otra mitad al de Ezequiel?

 

El rabino estaba atónito. Le dio las gracias al capitán por su consejo, regresó apresuradamente a su casa, cavó en el rincón de su cocina y encontró un tesoro tan abundante que le permitió vivir espléndidamente el resto de sus días.

 

La búsqueda espiritual es un viaje en el que no hay distancias. De donde estás en este momento, vas adonde has estado siempre. Pasas de la ignorancia al reconocimiento, porque lo único que haces es ver por primera vez lo que siempre has estado mirando.

 

¿Quién ha oído hablar de un camino que te lleve a ti mismo, o de un método que te convierta en lo que siempre has sido? A fin de cuentas, la espiritualidad es cuestión únicamente de ser lo que realmente eres.

 

 

 

CIELO E INFIERNO DESDE AQUÍ.

(De una leyenda china).

  

Cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cuál más apetitoso y exquisitos.

 

Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado. Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

 

Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados.

 

Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.

 

1.            Para describir el cielo se utiliza aquí la imagen del banquete. Busca otras imágenes. Y sabiendo que el cielo y el infierno son un estado más que un lugar, concreta los lugares de la tierra que los hemos convertido en cielo o infierno ("Eres un cielo", "Esto es un infierno").

 

2.            El cielo o el infierno no consisten en algo exterior, sino en actitudes internas: donde hay egoísmo hay infierno, donde hay fraternidad hay cielo. ¿Qué te sugiere todo esto?

 

3.            ¿Qué podemos hacer aquí y ahora para adelantar el cielo y para destruir el infierno?

EL ESCLAVO Y LA TORMENTA

 

Un Majarajá se hizo a la mar y, al poco rato, se desató una gran tormenta. Uno de los esclavos de  a bordo comenzó a llorar y a gemir de miedo, porque era la primera vez que subía a un barco. Su llanto era tan insistente y prolongado que toda la tripulación comenzó a irritarse, y a punto estuvo el Majarajá de arrojarlo personalmente por la borda.

 

Pero su primer Consejero, que era un sabio, le dijo: "No. Dejadme a mí ocuparme de él. Creo que puedo curarlo".

 

Y ordenó a unos cuantos marineros que arrojaran a aquel hombre al mar atado con una cuerda. En el momento en que se vio en el agua, el pobre esclavo, totalmente aterrorizado, se puso a chillar y a debatirse frenéticamente. Al cabo de unos segundos, el sabio ordenó que lo izaran a bordo.

 

Una vez en cubierta, el esclavo se tendió en un rincón en absoluto silencio.

 

Cuando el Majarajá quiso saber a qué se debía semejante cambio de actitud, el consejero le dijo: "Los seres humanos nunca nos damos cuenta de lo afortunados que somos hasta que nuestra situación empeora".

 

COMPARTIR EL MEJOR MAÍZ

 

Un agricultor, cuyo maíz siempre había obtenido el primer premio en la Feria del Estado, tenía la costumbre de compartir sus mejores semillas de maíz con todos los demás agricultores de los contornos.

 

Cuando le preguntaron por qué lo hacía, dijo:

 

"En realidad, es por puro interés. El viento tiene la virtud de trasladar el polen de unos campos a otros. Por eso, si mis vecinos cultivaran un maíz de clase inferior, la polinización rebajaría la calidad de mi propio maíz. Esta es la razón por la que me interesa enormemente que sólo planten el mejor maíz".

 

Todo lo que das a otros te lo estás dando a tí mismo.

 

 

LOS MIEMBROS CONTRA EL ESTÓMAGO

 

En cierta ocasión, los diversos miembros y órganos del cuerpo estaban muy enfadados con el estómago. Se quejaban de que ellos tenían que buscar el alimento y dárselo al estómago, mientras que éste no hacía más que devorar el fruto del trabajo de todos ellos. De modo que decidieron no darle más alimento al estómago. Las manos dejaron de llevarlo a la boca, los dientes dejaron de masticar y la garganta dejó de tragar. Pensaban que con ello obligarían al estómago a despabilar.

 

Pero lo único que consiguieron fue debilitar el cuerpo, hasta el punto de que todos ellos se vieron en auténtico peligro de muerte. De este modo, fueron ellos, en definitiva, los que aprendieron la lección de que, al ayudarse unos a otros, en realidad trabajaban por su propio bienestar.

 

 ¿SACARLO O DESPERTARLO?

 

Dice la historia que se declaró un incendio en una casa en la que había un hombre profundamente dormido. Trataron de sacarlo por una ventana, pero en vano. Luego intentaron sacarlo por la puerta, pero sin éxito. No había modo, porque el tipo estaba demasiado gordo y pesado. Todo el mundo estaba casi desesperado, hasta que alguien sugirió: "¿Por qué no lo despertamos y sale él por su propio pie?"

 

Sólo los que duermen y los niños, necesitan ser cuidados. ¡Haz que despierten!  ¡O que crezcan!

El Enemigo está dentro de ti

Había una vez un monje que en todo buscaba la perfección. No soportaba el menor desafino en los cánticos religiosos, una arruga en la ropa, un plato mal lavado, una palabra mal dicha, un error o equivocación por insignificante que fuera. Le resultaba intolerable si algún compañero bostezaba en los oficios religiosos o si veía una mota de polvo en los bancos de la iglesia.

 

Sufría mucho con sus compañeros en el monasterio y convencido de que allí no le iba a ser posible encontrar la perfección, pidió permiso al abad para irse a vivir completamente solo. Se llevó lo imprescindible; algunas ropas, sus libros de rezos y un cántaro para agarrar agua del río.

 

Eligió para su morada un lugar muy bello, pasó la noche en oración, y cuando irradió el amanecer se despertaron los pájaros y flores, pensó agradecido que allí sí, por fin, encontraría Ia perfección. A media mañana tuvo sed, fue al río a buscar agua, y al cargar el cántaro se le derramó un poco. No aceptó esa mínima imperfección, arrojó el agua con despecho y se le mojaron y embarraron los pies con el polvo del camino. Volvió a tomar agua de nuevo y otra vez se le volvió a derramar. Repitió la operación inquieto y, a la tercera vez, lleno de cólera, quebró el cántaro...

 

La causa de mi cólera no está en los demás - se dijo cuando comenzó a calmarse -. El enemigo está aquí adentro”. Regresó al monasterio, pidió perdón y desde aquel día empezó a ver con ojos nuevos y cariñosos a sus compañeros.

 

Nadie resulta más intolerable que el que se cree perfecto. La conciencia de nuestras limitaciones nos vuelve comprensivos con los demás. No culpes a los demás de tus errores, ni te quejes de las consecuencias de tus acciones. Si le empeñas en recorrer caminos escabrosos, no le lamentes cuando te duelan las espinas. Sólo quien reconoce sus limitaciones, sus propias contradicciones, sus carencias, y las acepta como propuesta de superación, de crecimiento, es decir, de formación, será capaz de recibir amor y por ello podrá darlo. Será capaz de aprender y por ello de enseñar.

 

El que cree que lo sabe todo, el que se coloca con autosuficiencia frente al alumno, el que piensa que no necesita de los demás, será incapaz de establecer una verdadera relación educativa, será incapaz de entender la necesidad de su propia educación, será por ello, incapaz de educar.

 

La personalidad del docente, su manera radical de ser y de estar en el mundo y con los demás, las palabras que hace y no tanto las palabras que dice, son el elemento clave de la relación educativa. Uno explica lo que sabe o cree saber, pero uno enseña lo que es.

 

Si eres humilde, estás promoviendo y enseñando la humildad. Si eres superficial y vano, comunicas trivialidad. Si vives amargado y te la pasas quejándote, enseñas desconfianza, amargura, pesimismo. SI eres sencillo, cercano, transmites cercanía, confianza,

EDUCAR A LOS HIJOS

 

      1.       No le enseñes todo a tu hijo; déjale el placer de descubrir el mundo.

 

   2.      No le corrijas excesivamente; concédele el derecho del error, porque sólo así aprenderá a usar su libertad.

 

3.       No le ayudes demasiado; deja que ejercite sus capacidades y disfrute del placer de la acción.

 

4.       No premies con regalos el cumplimiento de sus deberes, porque además de corromper su conciencia le privarás del placer del deber cumplido.

 

5.       No llenes su vida de cosas, ni su mente de necesidades; porque el día de mañana será esclavo de las cosas y tendrá dificultad para valorarse como persona.

 

 

6.       Sé amable, comprensivo y exigente con él, porque sólo así crecerá con amor, seguridad y fortaleza y estará protegido contra sus propios temores y contra la agresividad de la vida.

 

7.       Ayúdale a observar, analizar y razonar porque el éxito en el estudio es indispensable para el equilibrio psíquico y para el desarrollo de la personalidad.

 

8.       Ofrécele solamente la parte buena de tu persona y evita proyectar sobre él tus propios temores, complejos, angustias y frustraciones, para que tenga la libertad de decidir su propia vida.

 

9.       Deja que crezca y madure lentamente, disfrutando el placer de los juegos; porque los frutos más sabrosos son los que crecen lentamente, respetando el ritmo de la naturaleza.

 

10.    Enséñale el arte de vivir, porque aparte de ti, nadie podrá enseñárselo.

 

 

11.    Despierta en él motivaciones de superación porque esta es la única forma de protegerlo en la lucha de la vida.

 

12.    Ayúdale a adquirir criterios claros sobre los temas fundamentales de la vida; esto le dará fortaleza para exigir sus derechos y voluntad para cumplir con sus deberes.

 

13.    Comprende sus defectos, porque ellos son una parte natural de su proceso de evolución.

 

14.    Escúchale cuando te hable y respeta sus opiniones; así aprenderá a respetarse y a respetarte.

 

15.    Además de ser padre, sé amigo porque sólo así tendrás acceso a los secretos de su corazón.

 

 

16.    No le impongas tu ley ni tu disciplina, enséñale a tomar conciencia desde niño porque la única ley que ayuda a crecer es la que nace dentro.

 

17.    En cuestión de principios, enséñale la verdad, la justicia y el amor, porque ellos son la roca sobre la que podrá construir una vida segura, digna y feliz.

 

18.    No pierdas tiempo en corregir defectos porque no terminarás nunca. Orienta a tu hijo hacia la excelencia y los defectos desaparecerán como por arte de magia.

 

19.    No seas perfeccionista porque esto origina angustia y neurosis.

 

20.    No le angusties con la situación económica, social de la familia o del país porque él no es causante, ni tiene el poder de resolverlo.

 

 

21.    Aunque sea un niño, respétalo como un adulto; para que crezca con autoestima y dignidad.

 

22.    Exprésale con frecuencia el amor, la alta valoración y la confianza que le tienes, porque estas ideas y sentimientos son el alimento que hace crecer su espíritu.

 

23.    Enséñale a ser respetuoso con las ideas de los demás y a entender que cada uno tiene sus razones.

 

24.    Ayúdale a hacerse cargo de sus deberes y a asumir las consecuencias de sus actos.

 

25.    Enséñale a ser sincero y fiel con sus propios sentimientos y a expresarlos con respeto pero con libertad.

 

 

26.    Capacítate con lecturas de psicología, pedagogía para que tus actuaciones sean siempre oportunas y correctas, de modo que se sienta a la vez libre y protegido.

 

27.    No trates de ser un padre perfecto, tu hijo te prefiere de carne y hueso.

 

28.    Hazle sentir que lo amas por encima de sus defectos y limitaciones.

 

29.    Recuerda que lo más importante no es lo que dices o enseñas, sino lo que tú eres (lo que crees, lo que sientes, lo que amas, lo que haces).

 

 

30.    Evita toda comparación, porque ella engendra soberbia o bien odio y resentimiento. Cada hijo es único.

 

31.    Enséñale en que radica el verdadero valor de la persona y en que consiste el verdadero éxito de la vida, para que no le ocurra como a tantos que fueron engañados en su infancia y ahora viven frustrados.

 

32.    Enséñale a ser generoso porque así aprenderá a producir riqueza y también amor.

 

33.    Enséñale también a ser vivo y prudente para que pueda protegerse de la envidia y de la traición.

 

34.    Enséñale a reír con el que ríe y a llorar con el que llora, porque así sentirá la vida y la vivirá intensamente.

 

35.    Enséñale a tener un pensamiento amplio y universal, abierto a lo bueno de todos los hombres, de todos los pueblos, de todas las razas, de todas las religiones, de todos los niveles sociales.

 

 

 

Si logras que tu hijo asimile alguna de estas ideas, te aseguro que tu hijo será un hombre bueno y un hombre feliz; porque tu sembraste en su corazón las semillas de la verdad, las semillas de la justicia y las semillas del amor.


Una vida de éxitos empieza con un sueño

Una vida de éxitos empieza con un sueño

 

Las personas que triunfan no ven a su familia, trabajo, salud o for­tuna tal y como son. Dan un salto hacia adelante y hacen algo que es a la vez sencillo y profundo: miran la vida no tal y como es, sino como puede ser. Sienten la vida tal y como será después de aplicar de forma persistente e inteligente sus esfuerzos bajo el lema «voy a ga­nar».

El progreso, en cualquier actividad, se logra solamente cuando se ven todas las posibilidades que ella tiene, no cuando dejamos que que­de restringida a su realidad actual. Los grandes arquitectos y construc­tores, o los inversores, no ven la realidad de los barrios bajos de las ciudades y de los edificios medio en ruina. Sólo ven las posibilidades que existen de convertir esos barrios bajos en ambientes comunitarios nuevos en los que la gente pueda vivir, trabajar y divertirse. Cada ne­gocio, escuela, institución o edificio es un sueño de alguien hecho reali­dad.

Una vida importante siempre comienza con un gran sueño. Todas las personas tenemos dos tipos de visión: la visión que nos facilitan los ojos y la visión mental. La visión que nos proporcionan los ojos nos dice qué objetos nos rodean. La visión que nos dan los ojos com­pone imágenes de árboles, de personas, de edificios, de montañas, de agua, de estrellas y de otras cosas físicas y tangibles. La visión de los ojos es física.

La visión mental es diferente de la de los ojos. La visión mental es la facultad de ver no lo que existe, sino lo que puede llegar a existir de emplearse la inteligencia humana. La visión mental consiste en la capacidad de soñar. Con ella nos representamos formas futuras, por ejemplo, del hogar que queremos, la relación familiar que deseamos, los ingresos que nos gustaría tener, las vacaciones que nos apetecería tomarnos o nuestra fortuna económica en un momento determinado.

La visión ocular es exclusivamente física y solamente ve la realidad material. La visión mental es puramente espiritual y solamente ve posibilidades. La visión mental desvela lo que todavía no es real ni tangible. Nuestros éxitos (logros, influencia y satisfacciones), nuestra fortuna (ingresos, capital y bienestar físico) y nuestra felicidad (respe­to, alegría y contento) dependen de cómo decidamos emplear nuestra visión mental para soñar.

Las personas difieren poco en lo que respecta a la visión ocular. A una edad muy temprana, todos los niños pueden distinguir perfecta­mente, utilizando la vista de sus ojos, objetos como las personas, los edificios, las estrellas o el agua. Sin embargo, se dan grandes dispari­dades en la visión o imagen mental de lo que, todavía, no es real ni tangible. Una gran mayoría de la gente «ve» el futuro lleno de proble­mas. En lo que se refiere al trabajo, esas personas se ven a sí mismas desempeñando de por vida una labor vulgar y mal retribuida. En lo social, su visión mental sólo atisba aburrimiento y grandes problemas, en vez de alegría. Y en lo que se refiere a su vida doméstica y familiar solamente pueden «ver», en el mejor de los casos, una existencia vul­gar, aburrida y plagada de problemas.

Sin embargo, unos cuantos soñadores que orientan su vida hacia el éxito ven el futuro lleno de situaciones estimulantes. Ven el trabajo como un camino de progreso y de prestigio que les deparará grandes compensaciones. Los soñadores creativos ven las relaciones sociales como una motivación, un estímulo y una diversión. En lo que respecta a su vida doméstica ven emoción, aventura y felicidad. Prefieren elegir el sueño de una vida buena y rica.

De cómo utilicemos dicha visión mental, de lo que elijamos «ver» o soñar, depende que ganemos o que perdamos en la vida. Cada uno de nosotros es capaz de convertir esta vida en un paraíso o en un in­fierno. Todo depende de la forma en que decidamos soñar con ella. Los que ven la vida como un paraíso son los ganadores. Los que la ven como un infierno son los perdedores.

Algunos creen que es la suerte o el azar lo que determina su des­tino. Estas personas están convencidas de que la riqueza, el éxito o una vida agradable dependen de la cara que salga en el dado, de cómo rue­de la rueda o del número que el azar elija en la lotería de Navidad. ¡Qué tontería!

La probabilidad estadística de ganar un millón de dólares en la lo­tería es de una contra muchos millones. El juego de la lotería atrae a la gente que cree que se puede ser rico con una inversión de unos pocos dólares tan sólo. El mercado de los que juegan a la lotería o a cualquier otro juego lo forman las personas que creen que pueden obtener una gran riqueza por azar o buena suerte.

Desear no es lo mismo que soñar. El deseo es algo pasivo e inacti­vo. Desear es un pasatiempo ocioso que no está impulsado por un es­fuerzo mental. El soñar, por el contrario, está respaldado por un plan de acción destinado a obtener resultados.

Jim «desea» ascender en su trabajo. Pero Jim nunca se presta voluntariamente a realizar trabajo extra alguno, rehusa ayudar a sus compañeros de trabajo cuando lo necesitan y nunca propone una ini­ciativa diciendo: ¿Por qué no intentamos esto?

» ¿Se hará realidad el deseo de Jim de obtener más dinero? Por su­puesto que no.

María «desea» llegar a tener participación en la empresa de con­tabilidad en la que trabaja. Pero María «no tiene tiempo» para seguir un curso de contabilidad avanzada en una escuela, ni se presta volun­tariamente a echar una mano cuando resulta necesario trabajar jor­nadas de 12 ó 14 horas. María tampoco está dispuesta a alterar sus costumbres para proporcionar a sus clientes ideas sobre cómo aho­rrar impuestos. ¿Cuál es el resultado?: que el deseo de María no se cumple.

Tim y Susan «desean» tener un negocio propio y próspero. Pero Tim y Susan ponen en primer lugar divertirse los fines de semana. Siempre hay algo —una fiesta, una excursión o cualquier entreteni­miento— a lo que dedican todo su tiempo. Y, así, sus deseos se quedan siempre en deseos.

Como puede ver, todo el mundo puede desear. Sin embargo, un soñador emprende la acción que le llevará a su objetivo.

Puede usted dividir a las personas que conoce en dos tipos: los ga­nadores y los perdedores. Los ganadores son soñadores activos que trabajan para convertir sus sueños en logros reales y tangibles. Los perdedores son inactivos y siempre ponen pegas a todo, pensando que el «sistema» está contra ellos y que la suerte o el destino determinan necesariamente los acontecimientos.

Los perdedores son personas cínicas. «A Jane le han ascendido gracias a sus actividades extraordinarias con el jefe.» «Joe ha conse­guido ese pedido tan importante porque ha sobornado al comprador.» «Pete y Sara tienen un Mercedes nuevo, pero seguramente van a tener que estar pagando plazos durante cinco años.»

Los ganadores son personas de buena voluntad. «Me alegro por John. Ha trabajado mucho y merece un premio a su esfuerzo.» «El ascenso de Betty demuestra que cuando se da lo mejor de uno mismo en el trabajo, se obtiene una compensación.»

Los perdedores son pesimistas. «La economía está en bancarrota.

 La deuda nacional y los desequilibrios del mercado van a dar lugar, sin duda, a la peor depresión económica de todos los tiempos, de for­ma que más vale no tomarse la molestia de invertir para el futuro.»

Las personas que sueñan de manera positiva piensan: «Con inde­pendencia de que la economía vaya bien o mal ahora, va a mejorar en lo sucesivo. Siempre sucede lo mismo. Cuento con un gran futuro. Además, lo que ocurra con la economía de la nación está fuera de mi control; sin embargo, puedo controlar mi economía.»

Los perdedores son egoístas. «Eso no es problema mío. ¿Por qué tengo que ayudarle?» «Nadie ha hecho nunca nada por mí. ¿Por qué tengo, entonces, que hacer algo por los demás?»

Los ganadores son generosos. «Cuanto más ayude a otros a ganar dinero, más dinero ganaré yo a cambio.» «Las buenas acciones para con otras personas siempre tienen su recompensa.»

Los perdedores quieren obtener algo sin hacer nada. «La empresa para la que trabajo es muy grande, y se puede permitir pagarme más dinero.» «Llevo trabajando aquí diez años. La empresa tiene que pa­garme más.» «Haz trampa en la cuenta de gastos. Todo el mundo lo hace.» «Voy a tomarme tres días libres de baja por enfermedad, aunque no estoy enfermo. Estoy en mi derecho.»

Los ganadores saben que «no hay atajo sin trabajo». «Sacrificarse consiste en invertir para mi propio futuro y el de las personas a quie­nes quiero» y «el trabajo duro hace feliz a la gente.»

Es una gran satisfacción en la vida ayudar a los demás a sacar el máximo provecho de sus posibilidades. Los directores suelen decirme:

«Me produce una gran satisfacción sacar a la gente de la mediocridad y enseñarles el camino del éxito.» Los vendedores explican cómo ayu­dan a sus clientes a cambiar la orientación de sus negocios para hacer­los rentables. Los entrenadores explican cómo motivan y orientan a sus atletas, y luego se complacen en verles llegar a famosos.

Hace poco asistí a un banquete celebrado en honor de una profeso­ra de quinto grado de la escuela. Es muy raro que la gente adulta se preocupe, e incluso que simplemente se acuerde, de un profesor de quinto grado de la escuela. En este caso hubo cientos de personas que asistieron y demostraron su cariño a la señora Bower por todo lo que había hecho por ellos.

Después de la recepción, le pregunté: ¿Qué hizo usted por los mu­chachos?

Ella me explicó con amabilidad: «Nunca he considerado a los niños como niños. Siempre he procurado verlos como personas en tránsito hacia la madurez, como si fueran árboles jóvenes que van cre­ciendo, poco a poco, pero con seguridad, hasta convertirse en robles gigantes. Pensaba que mi responsabilidad educativa tenía que desarro­llarse en tres dimensiones: ayudarles a ser buenos padres y madres, buenos ciudadanos y buenos trabajadores.» «Esta idea central —con­tinuó la profesora— me orientó sobre cómo debía enseñar y sobre qué debía enseñar.»

¡Qué ejemplo más hermoso! Este planteamiento es muy superior a considerar a los niños como niños y pensar que la enseñanza no es más que un trabajo. La señora Bower veía las posibilidades de los niños y asumía la responsabilidad de orientar esas posibilidades.